Dos de las piezas del domingo XXXII en el Graduale Romanum del rito moderno de la Misa provienen de otra situación litúrgica un poco diferente: el sábado de las Cuatro Témporas de Cuaresma de la Misa tradicional romana, vigente hasta el año 1970 en que fue promulgado el Misal de Pablo VI. Dentro del rito tradicional las Cuatro Témporas son la pervivencia de un esquema litúrgico muy primitivo y que perduró insertado en otra distribución posterior [1] . Había cuatro épocas en el año en que durante cuatro días seguidos se pedía especialmente al Señor de una manera más insistente y se ayunaba: en la misa había más lecturas, con sus correspondientes cantos y oraciones e incluso procesiones con letanías. Muchas de las piezas más antiguas del repertorio, pertenecen a las Cuatro Témporas.
Pero además es importante que tengamos en cuenta cómo se hizo la restauración gregoriana a comienzos del siglo XX (en 1905). Al principio se hicieron tentativas y no se conocía la calidad musical de todos los manuscritos, cuáles eran los más fieles a la melodía original. Tenemos en el introito una dificultad respecto a dicha restauración, que es la vigente, precisamente porque es del modo III. La modalidad no se conocía bien y en muchos manuscritos se encuentra Do como cuerda del modo 3º, pero en los mejores manuscritos melódicos aparece el SI como cuerda. A pesar de que sea sólo medio tono lo que se ha variado, no se logra el clima que quiso obtener el compositor si se canta en Do. La oración “Intret orátio mea in conspéctu tuo” , (“llegue mi oración a tu presencia, presta oídos a mis ruegos, ¡Oh Señor!”) es una súplica humilde. Cantar en Do merma el clima de humildad que se crea si se canta en la cuerda de Si. Bien restaurada la pieza percibimos cómo el texto es comentado por la música. La música, en este caso, es la servidora de la palabra y no hay otra manera mejor de expresar esta súplica humilde dirigida a Dios.
El Gradual también pertenece a este sábado de las Cuatro Témporas. Una oración vaciada en los recursos propios del modo 7º no tiene ese carácter místico del modo 3º del introito Intret en el que los sentimientos parecen contenerse ante la sublimidad de la persona a la que se dirige. Aquí el compositor ha optado por dejar hablar a sus sentimientos sin trabas, dando rienda suelta al gozo incontenible de saber que es escuchado.
El Aleluya Qui posuit figuraba en el Misal tradicional entre las Misas votivas como Missa ad tollendum schisma o, diríamos, por la unidad de la Iglesia. Encajaba perfectamente el texto, que hace alusión a la paz que Dios da, en la Misa para pedir que nos libre del cisma. Es un modo 4º y a lo largo de la pieza tanto la cuerda de Sol como la de La se disputan importancia. La restitución melódica está bien hecha.
El Ofertorio Gressus meos, que corresponde al sábado de la 3ª semana de cuaresma en la Misa tradicional, ha sido tomado para este domingo en el rito moderno posconciliar. El texto bíblico es del Salmo 118, todo él dedicado a ensalzar la ley del Señor, única guía segura en nuestro caminar en este mundo. La preposición secundum ( según tu Palabra) está subrayada por medio de las pulsaciones unisónicas para dar el relieve que el compositor considera que tiene. Otra palabra destacada, pero con recursos diferentes, es las dos veces que aparece Dómine. Ambas las introdujo el compositor para darle un matiz más cálido y directo. La primera vez su inserción es más natural y la reclama el texto, pues un vocativo suele ir o al principio o dentro de la frase. En el segundo caso es algo más forzada, por su carácter conclusivo. Pero se puede considerar una solución feliz, pues es una fórmula centonizada que ha sido empleada varias veces.
La Comunión Dominus regit me está tomada del Salmo 22 “El Señor es mi pastor y nada me falta, el Señor me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. El ámbito modal del protus plagal está aprovechado casi al máximo. De esta manera el intervalo de la confianza filial –re/fa- apenas se oye en beneficio de una mayor gama de sonidos. Es muy de tener en cuenta en la comunión, que en el momento de participar de la mesa eucarística se cumple el texto que se canta. Si nos vemos conducidos por el Señor hacia esa fuente de agua perenne que es la Eucaristía, y agradecemos el privilegio que eso supone, nuestra interpretación será un reclamo para muchos. Quizás logremos cantar bien conjuntados, bien afinados, la técnica vocal puede que esté cuidada, pero si no tenemos conciencia del misterio que se está cumpliendo no habrá más que técnica en nuestra interpretación; y eso equivaldría a aguar la pieza y el tiempo de salvación que se nos había ofrecido. Nos está reclamando nuestro mundo descreído que nosotros, como creyentes, confesemos y demos testimonio de nuestra fe; lo cual ayudará mucho a los que participen en esa Eucaristía, para que se vean llamados en su ser profundo a los valores perennes en los que siempre habían creído y quizás tenían olvidados.